Pueblo Nubio en Egipto

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Durante nuestra visita al país de los faraones y las pirámides hicimos una pequeña escapada desde la ciudad de Aswan para conocer otra cultura que habita ese territorio: los nubios. Una excursión que no es muy frecuentada por tantos turistas, lo que permite pasear sin aglomeraciones y conocer algo distinto.

¿Quiénes son los Nubios?

Los nubios son una etnia originaria de la zona denominada Nubia, la que se localiza al Sur de Egipto y Norte de Sudán con su propio idioma y costumbres. Durante siglos habitaron en un territorio propio e independiente pero tras la descolonización británica, a mediados del siglo XX, la población debió dividirse en pequeños grupos que se incorporaron a los nacientes países. Actualmente, en Egipto hay nubios asentados en los alrededores de Aswan, sobre todo en el lado occidental del río Nilo y en la isla Elefantina. Los que visitamos fueron las localidades de Siou y Koti.

Nuestra experiencia:

Partimos temprano tomando un barco a motor en el río Nilo. Durante el camino desde Aswan hasta el pueblo nubio pudimos ver una serie de fálucas (embarcaciones pequeñas a vela) y cruceros. Además avistamos la isla Elefantina y algunas rocas que hasta el día de hoy mantienen sus jeroglíficos originales, lamentablemente vimos más de una con graffitis encima de ellas.

A medida que avanzábamos el paisaje se volvía cada vez menos árido, así también empezaron a aparecer las palmeras y el calor se puso más intenso.

Nos dejaron subir al techo de la embarcación para admirar el entorno y disfrutar de la brisa. Desde allí pudimos ver el bellísimo mausoleo del sultán Aga Khan a la distancia como también la fachada del famoso hotel Old Cataract, conocido porque se dice que Agatha Cristie escribió varias de sus novelas en sus habitaciones.

Una vez que arribamos a tierra firme y pisamos las arenas desérticas nos montamos en unos camellos (técnicamente eran dromedarios) que nos llevaron hasta el poblado. Hay que recalcar que es un paseo pensado para el turista pues perfectamente podríamos haber caminado entre las dunas, después supimos que sólo era 1 kilómetro de distancia. Sin embargo, salvo para el camello quizá, resultó ser una experiencia entretenida.

Al llegar al poblado vimos muchas casas hechas de adobe y paja, con fachadas blancas decoradas con colores llamativos: azul, amarillo, rojo, morado, rosado, etcétera. Nos llamó inmediatamente la atención observar que las ventanas estaban, en su mayoría, cerradas con persianas. Nos explicaron que era para evitar el calor en el interior de los hogares. Además vimos cómo cuelgan en las puertas de entrada algún animal disecado (normalmente cocodrilos) para ahuyentar los malos espíritus y proteger la familia.

Otra curiosidad es saber que no poseen abastecimiento de agua potable. Sobre este punto lo que hacen es arreglárselas con varios cuencos de adobe puestos en la calle, en donde almacenan el agua que cada cierto tiempo les administran desde la ciudad, la cual comparten entre toda la población. Pero, paradójicamente, sí poseen electricidad y pese a la precariedad, no es extraño ver casas con antenas parabólicas en los techos, ratificándonos que el fútbol es de primera necesidad hoy en día, incluso en los recónditos lugares del desierto.

Después de callejear un rato entramos a la escuela. Allí nos explicaron algo de la historia de su pueblo. Nos sentamos en un salón de clases que tenía un pizarrón y algunos pupitres. ¡Nos pusieron a prueba! Intentaron enseñarnos algunas de las letras que ellos ocupan, su símil con el árabe y el alfabeto latino.

Cada uno debió pasar delante de la clase y escribir su nombre en la pizarra. Fue un momento bien agradable pues nos tocó compartir con un grupo entusiasta de alumnos en combinación con un carismático maestro. ¡Qué mejor escenario para aprender!

Al salir de ahí caminamos por la calle principal, que al igual que el resto es de arena, topándonos con algunos puestos de artesanías, telas y especias de colores. Terminamos en un local de comida típica que denominan “Casa Nubia”, un lugar tradicional con algunos toques pensados para el turista. Allí probamos té, agua de jamaica (hibiscus-karkadé), pan, miel de caña de azúcar, turrón y queso.

Había también un par de mujeres pintando a algunos visitantes con “tatuajes” de henna (similar a lo que hacen en India), un estanque con cocodrilos de diversos tamaños, algunos hombres fumando shishanarguille (pipa de agua) y muchos niños vendiendo artesanía. Luego de disfrutar nuestra comida, retornamos a Aswan.

Fue una experiencia distinta, alejada de las masas de turistas que recomendamos si quieres, sobre todo, hacer una pausa entre los muchísimos templos -y aglomeraciones- que acompañan los principales atractivos de Egipto. Además se aprende sobre una cultura minoría en el país.

Aquí verás un pequeño video de nuestro paso por la escuela.


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